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[ESP] Construcción 115: Subsuelo del callejón lateral y ventana arqueológica (3)

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¿Por dónde íbamos? Ah ya, la construcción de la media bóveda de piedra para cubrir la cámara subterránea.

Con este elemento la construcción de la ventana arqueológica debería llegar a su fin. Pero como a menudo ocurre, antes de cerrarla definitivamente aportaré unos cuántos cambios.
En este caso solo se trata del añadido de nuevos detalles, dictado por las usuales repentinas inspiraciones nocturnas. Sí, porqué a veces antes de acostarme me quedo observando la Domus en busca de posibles aportaciones o intentando visualizar las partes que aún quedan por construir. Luego, durante la noche, mi procesador sigue trabajando en el tema y a la mañana siguiente me encuentro esbozando nuevas ideas y modificaciones del proyecto.
Por eso, una vez terminada la construcción del muro subterráneo me toca eliminar una de las piedras que lo componen para dar cuerpo una vez más a mis fantasías.



A la cámara secreta le falta todavía una historia, algo que la haga "viva". Pero mientras quede oculta no habrá nada que contar...
Aquí es dónde entra en escena nuestro hombre.



Usando un bastón como palanca sobre uno de los sillares, el tipo consiguió tirarlo abriendo a la vista el local subterráneo.
Pero... ¿Quién es este hombre? ¿Qué está buscando? ¿Está solo o hay alguien con él? Me parece ver una luz...


No, en realidad no hay luz todavía. ¡Pero pronto la habrá!

El bloque formado por el muro, la bóveda y el arco sigue separado del resto de la construcción, pero después de los últimos retoques con cemento y tierra ya puedo pegarlo definitivamente a la base.



Entonces coloco la loseta perimetral inferior, en la cual he abierto los agujeros necesarios para el montaje y la semi-circunferencia que sujetará el cristal de protección.



Atravesando el subsuelo, un largo tubo de aluminio alcanza la cara trasera de la Domus permitiendo el paso de una nueva bombilla de neon.



Y ahora veo claramente la luz de una antorcha al otro lado del muro. Evidentemente el intruso no está solo...


Todavía no me queda muy claro qué ha venido a buscar y cómo ha podido llegar hasta aquí. Probablemente abrió una brecha también dentro de la vieja cisterna, en desuso. Espero poder aclarar este misterio, quizás tras otra noche de descanso...


MATERIALES:
pizarra, cemento, tierra, madera, cola spray, cola blanca, tubo de aluminio (de unas viejas cortinas extensibles), figura de pastor para pesebres, bombilla de neon de 4mm
HERRAMIENTAS:
pinzas, cortador, serrucho, Dremel con punta diamantada (para los agujeros), pincel, esponja




[ESP] Construcción 114: Subsuelo del callejón lateral y ventana arqueológica (2)

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Al poner en práctica lo que había imaginado anteriormente, algunos detalles sufrirán inevitablemente algún cambio. De todos modos el sujeto básico queda el mismo: una "ventana" que permita ojear al subsuelo en busca de restos arqueológicos ocultos, quizás pertenecientes a los mismos cimientos sobre los cuales se ha levantado la Domus.


Mientras en un primer momento suponía la presencia de restos romanos, evidenciados por la composición en opus reticolatum del muro (ver dibujo), posteriormente optaré por una estructura compatible con la de la torre, probablemente el elemento más antiguo de todo el conjunto (por lo menos en la parte inferior). Podría tratarse de una vieja torre de defensa conectada con los muros de la ciudad e incluida en un segundo momento en la construcción de la Domus...

La característica principal de esta ventana será la forma circular, ésta también al principio solo imaginada a causa de la dificultad de realización. El hecho es que me gustaría evitar que el polvo entrase en la estructura una vez terminada, y por eso lo ideal sería el uso de un cristal o de un plástico transparente, aunque preferiría lo primero.
Sin embargo, aunque tengo la posibilidad de cortar la pizarra de la forma deseada (en caso de errores el material no falta), con el cristal no sé qué hacer.



Es entonces cuando el destino viene en mi ayuda: la lámpara de mesa que uso mientras trabajo falta del cristal de protección. Hace años lo quité para evitar que se calentara demasiado la bombilla, guardándolo en un cajón entre un montón de trastos. Con un poco de suerte consigo recuperarlo casi enseguida y decido utilizarlo como elemento base para la construcción de mi ventana.



Una vez preparadas las piezas que van a componer el muro exterior, es el momento de pensar en su contenido.

Usando como base dos bloques de pizarra bastante grandes, comienzo a colocar las piedras hasta formar un muro que representa la ideal continuación de la torre. En efecto la ventana se halla exactamente debajo de ésta. A la izquierda, un pequeño arco de ladrillos da acceso a un túnel subterráneo, que al final resultará obstruido por tierra y cascajos, quedando visible solo de soslayo.

Posteriormente inserto también otra piedra más grande, como si en aquella zona el muro apoyase directamente sobre la viva roca. Recogí muchas de estas piedras en el lecho del río Scrivia (cerca de Génova) y me serán útiles para la construcción de la calzada y buena parte de la torre, acercándose mucho a los materiales realmente usados en las construcciones medievales genovesas.



Después de la roca es el turno de la ánfora, único elemento que no ha sufrido cambios desde los primeros bocetos. De momento solo se trata de un test, luego la pieza de terracotta deberá ser barnizada y "ensuciada" adecuadamente. En esta fase debo cuidar que los elementos no asomen demasiado de su base, ya que esto impediría la puesta en obra de la loseta de pizarra que deberá ser perfectamente vertical y en línea con la base de cemento.


Mientras tanto, usando como soporte un cilindro de cartón, estoy construyendo media bóveda de piedra con la cual voy a tapar la parte superior de la cámara subterránea. Una vez cerrada, ésta apoyará sobre la loseta perimetral proyectándose idealmente hacia el exterior.


Después de rellenar las juntas con fraguado, preparo un lecho de tierra, guijarros y cemento que servirá de base para la ánfora, ya terminada y lista para llevar a cabo su papel. Para uniformarlo todo echo un puñado de arena que voy pegando con un poco de cola spray.



Bueno, la parte inferior de la "cámara secreta" está prácticamente terminada. Ahora tengo que insertar la bóveda, que mientras tanto se ha ido endureciendo y ha sido retirada de su soporte. Para sujetarla el tiempo necesario para el secado de la cola, coloco de forma provisional la loseta inferior y un par de piedras al azar. Para los curiosos, se trata de un guijarro de rio (de los que mencionaba antes) y de una prueba de corte de un taller de piedras del que suelo recuperar los desechos.



A pesar de mis herramientas rudimentarias, el recorte del circulo en las losetas de pizarra no ha salido mal, y el que sigue es un adelanto del aspecto que tendrá la ventana una vez cerrada.



MATERIALES:
pizarra, vidrio, gravilla, cemento, arena, tierra, esmalte transparente, cola blanca, cola spray
HERRAMIENTAS:
tenazas, pinzas, papel de lija, serrucho, lijas, Dremel con disco de corte diamantado
MEDIDAS (en cm):
diámetro ventana: 6
grosor pizarra: 0,6



[ESP] Construcción 113: Subsuelo del callejón lateral y ventana arqueológica (1) - estudios y pruebas

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Después de haber pasado de ellas hasta ahora, ya ha llegado el momento de meter mano a las estructuras subterráneas externas a la Domus. Antes de comenzar la escalada hacia la primera planta, con todo lo que conlleva (arcos del pórtico, escaleras y bóvedas, entre otras cosas), me gustaría ver terminadas las vías públicas que corren a los dos lados del edificio: en el frente una calle con una ligera pendiente, adoquinada y practicable por los carros, bajo la cual fluye un pequeño río embovedado; en la parte lateral, una cuesta estrecha y empinada parcialmente cubierta por escaleras, que alcanza la entrada secundaria superando el perímetro exterior de la torre.

A pesar de que haya pasado mucho tiempo desde que imaginé por primera vez estas vías y el relleno del subsuelo, me voy a enfrentar a un trabajo todavía lleno de incógnitas, sobre todo por la falta de pruebas dignas de ese nombre.
Demos un salto hacia atrás de un par de años para ver cuáles son estas pruebas.

Mi intención fue desde el principio la de hacer un relleno bastante grosero utilizando tablas de madera que una vez eliminadas dejaran a la vista los materiales de los cuales está compuesto el suelo: piedras, arena, cemento u otras cosas. Mi gran duda era sobre la resistencia de este relleno, ya que si el material es demasiado frágil podría romperse en los bordes soltando continuamente residuos que harían difícil su limpieza y conservación. Por esta razón llevé a cabo un primer test usando cola en la mezcla.


El resultado no me convenció. La cola en tan grande cantidad tardó mucho en secarse y no perdió del todo su color blanquecino. Al día siguiente la única parte seca era la superficie expuesta al aire, mientras que el resto del bloque quedaba blandito y facilmente deformable. Además la cola tiende a retirarse y esto podría alterar la estructura de forma imprevisible.

Usando solo cemento en lugar de cola el resultado sería seguramente más resistente, pero quería evitar que el subsuelo tomara el mismo color gris de la base para dejar claro que se trata del terreno natural.
Así que decidí mezclar el cemento con una tierra mixta a gravilla que recogí junto a un camino de tierra pisada, añadiendo al compuesto un poco de cola líquida diluida.


El bloque de prueba quedó duro y resistente y tomó un discreto color beige, aunque en las superficies no se vea ningún rastro de gravilla...

Volvamos al presente.
Sobre la base de estas pruebas decido seguir adelante con tierra y cemento, y por eso monto el encofrado de madera que me permitirá echar la mezcla directamente a contacto con los muros.
Para dar mejor agarre al cemento provecho algunos recovecos y fisuras entre las piedras para insertar algunos tornillos y alambre. Esta armadura impedirá que con el tiempo el callejón colapse despegándose del resto de la construcción.


El molde de madera muestra algunos pernos que me servirán para abrir unos agujeros en el bloque de hormigón (desvelaré su utilidad más adelante - mucho más adelante) y un tubo metálico a través del cual pasará una de las bombillas led que iluminan el sótano.
Voy echando la mezcla dentro del encofrado y espero con (im)paciencia que se seque para ver si el resultado de mi trabajo me convence a seguir de esta manera o si hace falta estudiar otro método.



Vale. Hace falta estudiar otro método.

Me tomo un momento de pausa y espero que se me encienda una bombilla en la cabeza con una idea fulgurante que me ayude a superar este fracaso.
Cuando por fin veo la luz, las ganas de ver hecho realidad lo que he imaginado es incontenible.
Ya entendí cual era mi error: quería rellenar de la noche a la mañana el subsuelo para proceder rapidamente con el acabado de los callejones, olvidando que no es así que funciona en la Domus. Todo rincón tiene una razón de ser. Toda superficie, por pequeña que sea, presenta unas potencialidades que deben ser estudiadas y llevadas a maduración.
En este caso concreto, el subsuelo puede ofrecer mucho más que una simple pared marrón con unas cuantas grietas, y poco importa si para terminar el trabajo tardaré más de lo que había previsto.

Con lápiz y papel voy esbozando las que serán las características básicas del subsuelo. Las superficies laterales quedarán totalmente forradas por losetas de pizarra, salvo en los puntos donde se abren el pasillo subterráneo y el río (del cual ya desde hace tiempo he realizado el lecho).
Además habrá otra abertura circular desde la cual será posible observar parte de un ambiente subterráneo. Aquí podré jugar con la fantasía, y las hipótesis no faltan: ¿Estructuras de época romana? ¿Una habitación secreta? ¿Estratificación de materiales y restos humanos?
¿Qué se esconde bajo la Domus?




(continuará...)

MATERIALES:
cola blanca, guijarros de playa, cemento rápido, tierra, gravilla, alambre inoxidable, tornillos de acero, tubo de aluminio
HERRAMIENTAS:
tenazas, pinzas, cazuela, espátula, paleta, madera
MEDIDAS (en cm):
28 x 3,8



[ESP] Construcción 112: Virgen de madera (2) - dorado y barnizado

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Como expliqué en la primera parte, la idea de hacer una talla religiosa nace principalmente de la búsqueda de algo para insertar en la hornacina de la entrada. Sin embargo hay también una razón más "técnica" que me lleva a esta elección: desde hace tiempo estoy estudiando la posibilidad de realizar algún elemento dorado, posiblemente siguiendo la técnica tradicional del dorado con hoja de oro.


Podría parecer algo excesivo, al fin y al cabo estamos hablando de elementos accesorios y un tratamiento de este tipo complicaría inutilmente el trabajo. En realidad por mi parte se trata simplemente del intento de aprovechar la relación con una persona que se dedica a esta actividad de toda la vida y que estaría dispuesta a participar en mi proyecto (aunque nunca lo haya visto).
En el fondo estoy convencido de que las cosas no ocurran nunca por casualidad y que nosotros mismos "llamamos" las situaciones en las cuales nos encontramos, sean estas buenas o malas. Es nuestra responsabilidad aprovecharlas de la mejor manera.
Bueno, dejemos a un lado la filosofía y volvamos a lo nuestro.

Dentro de una domus medieval no son muchos los elementos que se pueden prestar a ser dorados: nada de marcos, espejos, decoraciones lujosas... sería muy diferente si estuviera construyendo una iglesia o un edificio barroco, pero no es este el caso.
Pero las imágenes sagradas presentan a menudo partes doradas, cuyo material precioso añade valor económico e impacto emocional a la obra.

Mi Virgen con niño ya está lista para ser acabada con el color, así que empezaré por e dorado de la capa.
Aunque tenga a disposición algunas hojas de oro (que trataré de utilizar en futuro) me decido por un dorado menos tradicional que pueda realizarse con el pincel.
Me volverá útil un poco de purpurina que me dejó Manolo "el dorador" de su taller, mezclando una pequeña cantidad de polvo con unas gotas de alcohol.


La aplicación de la capa dorada es cosa de pocos segundos. La superficie que debo barnizar es tan pequeña que ahora mi intención inicial de llevarla a cabo con hoja de oro me resulta casi ridícula.


Una vez seca la purpurina es el turno del color a tempera: azul para la ropa de la Virgen, rojo para la del niño, luego un rosa diluido para las caras (que se vuelve moreno en la madera) y unos toques de negro en algunos puntos.


En un primer momento repaso con un rotulador negro también la corona para rebajar su perfil, pero posteriormente eliminaré este retoque.
Por lo que se refiere a las caras, no me atrevo a dibujar los rasgos, que a este tamaño podrían resultar grotescos. El ojo no necesita tantos detalles, para poder visualizar una cara son suficientes dos puntitos en lugar de los ojos.



Añadiré una última consideración que nada tiene que ver con la realización de la figura (¿o quizás sí?): el buen Costantinus, que ya desde hace tiempo sufre de graves trastornos de personalidad, además de afirmar que ve la Virgen y oye su voz, hace unos días que no se presenta al trabajo.
Después de preguntar a sus compañeros, que no estuvieron en grado de decirme nada que ya no supiera, fui a mirar las grabaciones de las cámaras de la última semana y ésto fue lo que encontré:


No tengo ni idea de qué es ese aparato, pero sin duda no se trata de la Virgen María. De momento no hablaré del tema con nadie, ni mucho menos con la señora de la casa. Si sospechara aunque solo por un instante que la obra pueda estar bajo la influencia del Maligno, sería capaz de mandar a la mierda el proyecto, y a estas alturas preferiría evitarlo...


MATERIALES:
purpurina, temperas, rotulador negro
HERRAMIENTAS:
pinzas, pincel
MEDIDAS (en cm):
altura (incluyendo la corona): 1,9
base: 0,5 x 0,6